Fue el amor a Dios el que empujó a Giovanni Antonio Farina a la más alta y gozosa entrega de sí a Dios  y a los pobres. Las fuentes en las que se consolida  su espiritualidad, desde pequeño y que lo llevaron a consagrarse al servicio de Dios en los más pobres de su pueblo, fueron:

-La devoción a los Sagrados Corazones de  Jesús y de  María, que caracteriza su espiritualidad, ellos con frecuencia son nombrados juntos, su anhelo ardiente es que todos conozcan y amen a Jesús y a María. El Corazón de Jesús es el lugar de encuentro con la vida y con el prójimo. En el Corazón impulsa a sus hijas a una atención tierna  a la Virgen Madre amorosísima, es la experiencia que desde su infancia fue cultivando y que luego la supo transmitir.

La Eucaristía, es un enamorado de ella, es el centro de su vida. Jesús en la Santísima Eucaristía fue el consuelo y la fortaleza en los momentos más difíciles de su vida. A los pies del Sagrario encontraba la orientación y los consejos más seguros para seguir la misión.  Allí tomaron forma sus grandes ideales y se consolidaron su sueños. De este amor eucarístico quiso que sus hijas fueran inflamadas y escribe: “Acuérdense que toda la perfección de la santidad se compendian en pocas palabras, mejor dicho solo en una: Comunión diaria y basta”

-La Palabra de Dios, su meditación diaria era como el agua que empapa la tierra y la fecunda. Allí se fundamenta su talento espiritual. De su boca fluían continuamente frases de la Sagrada Escritura, así nos lo atestiguan sus escritos. La riqueza espiritual que Farina ha legado a la Humanidad es  el  secreto para ser fiel a Dios. En la profunda dimensión de oración se encuentra el equilibrio entre contemplación y acción, entre el ser y el quehacer. La oración no solamente para la religiosa sino para todo cristiano es el alma de toda santidad.