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En  la “Escuela de Caridad” enseñaban maestras laicas pagadas, de quienes  el P. Farina no lograba obtener la suficiente dedicación que el proyecto requería. Comprendió que para realizar este gran ideal necesitaba “maestras especiales”: mujeres con una vocación particular recibida del Señor, que vivieran en comunidad, con una regla propia, consagradas totalmente y por amor a la juventud.

El modelo de vida religiosa femenina experimentado por siglos en la Iglesia era el  de las monjas en los conventos de clausura. El P. Farina pensó en personas consagradas, pero no las quería aisladas o encerradas en un monasterio, sino abiertas a lo social, buscaba educadoras en medio del mundo. Para ello redactó el reglamento inspirándose en el modelo de las Hijas de la caridad de Magdalena Canossa.

El 11 de noviembre de 1836  las dos primeras maestras, las jóvenes vicentinas Anna Veronese y Domenica Canova, empezaron a vivir  con la  Srta. Redenta Olivieri, de la noble familia de Taxis, que asumió el encargo de directora de las maestras y de la escuela: “Es así como nacen las maestras de Santa Dorotea o Hijas de los Sagrados Corazones”[1] anota  el Farina en la crónica.


[1] Cfr. Narración de la fundación del Instituto, en la Positio, pp.269 a 271, citado por Bassani, Profecía caritativa y Pastoralidad del GAF, Vicenza 2000, p.102.