He aquí cómo Farina concretizó su intuición. En 1827 aceptó con entusiasmo dirigir la Piadosa Obra de Santa Dorotea, institución que ofrecía educación cristiana y asistencia moral a las niñas del pueblo, obra recién introducida en la parroquia por el misionero de Bergamo, P. Lucca Passi. En 1831 se le encargó también la dirección de la escuela de la Caridad, instituida en 1828, por iniciativa del párroco de San Pedro, el P. Orlando y del Conde milanés Baldazare Porta, para atender a las jóvenes pobres y abandonadas que mendigaban en la calle.
Giovanni Antonio Farina proyectó un plan de reforma y reorganización de la obra: unió la escuela de la caridad con la Piadosa obra de Santa Dorotea e inició la nueva institución el 1º de octubre de 1831[1]. Era una escuela primaria y profesional, porque junto con la lectura, la escritura y las matemáticas, las jóvenes aprendían un trabajo que les diera la posibilidad de ganarse la vida. Terminada la escuela, los directores se empeñaban en insertar a las jóvenes en la sociedad, buscando un empleo adecuado con la situación familiar de cada una. En aquel tiempo la profesión posible para una joven que tenía familia era la costura y el bordado; la joven sin familia, en cambio, podía ser camarera, dama de compañía o niñera de las familias acomodadas, que les ofrecían también un refugio seguro.
La “Escuela de Caridad” de Farina fue la primera escuela popular femenina de la Provincia de Vicenza, aprobada por el gobierno en 1834. Fue por ello una escuela “pionera”, al punto de que las autoridades civiles la propusieron como modelo de un proyecto más vasto de escuelas comunales para toda la provincia.
[1] Bassani, op. cit, p. 10