
A inicios del siglo XIX la economía de Italia se basaba sobre todo en la agricultura. No existían formas de previsión social frente a los desastres naturales, que se daban con frecuencia: inundaciones, incendios, sequías, plagas que atacaban los cultivos; sin olvidar los daños provocados por las frecuentes guerras. La carestía, la alimentación insuficiente, los malos hábitos, la falta de normas de higiene básicas, predisponían a las enfermedades y favorecían la difusión de epidemias como el cólera o la malaria. La mortalidad infantil era muy alta.
En la provincia de Vicenza había algunas formas de artesanía, en las que se empleaban mujeres y niños obligados a trabajos inhumanos, realizados en horarios extenuantes, en condiciones ambientales malsanas y con salarios bajísimos, que no alcanzaban ni para comer. La discriminación entre las clases sociales repercutía sobre todo en la juventud más pobre, en la que nadie pensaba.
En la ciudad de Vicenza existían numerosos niños abandonados: huérfanos, mendigos, discapacitados de toda clase, que estaban más expuestos a la inmoralidad y a la delincuencia. No existían escuelas primarias en el campo y tampoco en las ciudades grandes. La asistencia escolar era mínima, a causa de la lejanía o de la pobreza de las familias que utilizaban a los niños para labores del campo; y sobre todo por el prejuicio de que la instrucción era un lujo inútil, particularmente para las mujeres. Las únicas niñas que iban a la escuela eran las hijas de los ricos, educadas en los monasterios y en los conventos de la ciudad. Las hijas de los pobres, en cambio, permanecían abandonadas en la calle, sin instrucción y educación[2].
[1] Suor Albarosa Bassani, Il cantico della Carita, SDVI, 2007, pp. 3-13
[2] Bassani, Il Cantico della Caritá, op. cit., p. 1 ss.
trabajo que les diera la posibilidad de ganarse la vida. Terminada la escuela, los directores se empeñaban en insertar a las jóvenes en la sociedad, buscando un empleo adecuado con la situación familiar de cada una. En aquel tiempo la profesión posible para una joven que tenía familia era la costura y el bordado; la joven sin familia, en cambio, podía ser camarera, dama de compañía o niñera de las familias acomodadas, que les ofrecían también un refugio seguro.
La “Escuela de Caridad” de Farina fue la primera escuela popular femenina de la Provincia de Vicenza, aprobada por el gobierno en 1834. Fue por ello una escuela “pionera”, al punto de que las autoridades civiles la propusieron como modelo de un proyecto má
una joven que tenía familia era la costura y el bordado; la joven sin familia, en cambio, podía ser camarera, dama de compañía o niñera de las familias acomodadas, que les ofrecían también un refugio seguro.